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Cuando la guerra asusta a los animales

POR ERICK CORTÉS

Cuando hay conflictos armados, las imágenes que más impactan no siempre son las explosiones ni las columnas de humo. A veces, el gesto más natural del horror es mucho más poderoso para sensibilizarnos y sentir empatía con los humanos —y también con los animales—.

Esta semana se ha viralizado en las redes sociales un video que muestra a un perro escondido en una esquina mientras suenan las sirenas de alerta en la ciudad de Qalqilya, en Cisjordania, territorio palestino ocupado por Israel.

En la grabación, de apenas unos segundos, el animal permanece acurrucado contra una pared, con los ojos cerrados, como si intentara escapar de su realidad y del ruido que, evidentemente ha aprendido, anticipa la caída de misiles.

La escena ha conmovido a miles de usuarios en internet. Y no es para menos. El perro no entiende de fronteras, de geopolítica ni de disputas históricas. Sòlo reacciona al estruendo de las sirenas que en esa región anuncian peligro inminente y obligan a la población a buscar refugio.

Qalqilya, ubicada en el noroeste de Cisjordania y a pocos kilómetros de la frontera con Israel, es una de las ciudades que viven de cerca la tensión permanente que atraviesa Medio Oriente. Las sirenas de alerta ya forman parte de la cotidianidad de sus habitantes, sobrevivientes de los conflictos armados que han perturbado a la región en los últimos años.

La guerra suele contarse con cifras: muertos, heridos, misiles lanzados o edificios destruidos. Pero escenas como esta recuerdan que  la guerra es más que cifras: es terror puro. Miedo que se expresa de múltiples maneras: en una familia que corre hacia un refugio, en un niño que tapa sus oídos, desprotegido tras perder a sus padres, o en un perro que se encoge en silencio esperando que el ruido termine.

En tiempos de guerra nuestra humanidad nos impulsa a preocuparnos por nuestros hermanos (los otros humanos) que sufren. Niñas y niños inocentes, y miles de civiles que padecen las consecuencias de las diferencias que tienen quienes los gobiernan. Pero pocas veces volteamos a ver a los animales. Seres que, aunque no tienen conciencia, sí tienen la capacidad de sufrir.

Un informe citado por organizaciones humanitarias señala que alrededor del 97% del ganado y animales de producción de Gaza ha muerto o desaparecido en medio de los bombardeos y la destrucción de granjas. Pero la mayoría de ellos no han muerto alcanzados por un misil, sino por las consecuencias indirectas de la guerra, como la hambruna, la falta de agua y de atención veterinaria, o el abandono de las familias que huyen sin poder llevarlos consigo.

Entre ellos se cuentan ovejas, cabras, vacas, pollos y burros, animales de granja muy comunes y necesarios para la alimentación y transporte de muchas familias. Pero también están las mascotas y los animales sin hogar que, además de sobrevivir a las condiciones hostiles de la vida callejera, también tienen que evadir las bombas.