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El posible “Súper Niño” pone en alerta a Aguascalientes por calor extremo y clima inestable

Será el fenómeno de “El Niño” más severo registrado desde 1997. El campo sería el más afectado, advierten meteorólogos.

Calentamiento del Pacífico por el fenómeno de El Niño, visto desde el satélite geoestacionario de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).

Aguascalientes llega al umbral del verano de 2026 con un escenario hídrico menos crítico que el del año pasado, pero con una nueva amenaza climática en el horizonte: la posible formación de un fenómeno de “Súper El Niño”, capaz de alterar los patrones de lluvia, intensificar las olas de calor y presionar aún más al campo y a las reservas de agua de la entidad.

Aunque todavía no existe consenso científico absoluto sobre la magnitud que alcanzará el fenómeno, organismos internacionales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial coinciden en que hay una probabilidad elevada de que El Niño se fortalezca durante la segunda mitad de 2026. Algunos modelos incluso anticipan un episodio de intensidad excepcional, comparable con los registrados en 1997-1998 y 2015-2016, considerados entre los más severos de las últimas décadas.

Para un estado como Aguascalientes —dependiente de un temporal cada vez más irregular y con acuíferos sometidos desde hace años a sobreexplotación—, el fenómeno representa un factor de riesgo para la agricultura, el abastecimiento de agua y la estabilidad ambiental. La preocupación crece además en medio de un contexto de temperaturas extremas. Tan solo durante mayo, distintas regiones del estado han superado los 35 grados centígrados, acelerando la evaporación en bordos y presas pequeñas, muchas de las cuales comienzan a resentir el estiaje.

El secretario de Desarrollo Rural y Agroempresarial, Isidoro Almendáriz García, reconoció recientemente que varios bordos de menor tamaño ya se encuentran secos, aunque aclaró que las principales presas todavía mantienen reservas importantes gracias a las lluvias registradas en 2025. “Los bordos más pequeños ya no tienen agua, pero las presas grandes todavía conservan niveles importantes por las precipitaciones del año pasado”, señaló el funcionario.

Sin embargo, especialistas advierten que la relativa estabilidad hídrica podría deteriorarse rápidamente si las lluvias de verano se retrasan o se presentan de manera irregular, como suele ocurrir durante los eventos intensos de El Niño.

Un fenómeno global con impactos locales

El Niño forma parte del sistema climático conocido como ENSO (Oscilación del Sur-El Niño), un fenómeno asociado al calentamiento anormal de las aguas del océano Pacífico ecuatorial. Aunque ocurre a miles de kilómetros de México, sus efectos modifican la circulación atmosférica en gran parte del planeta.

En el caso mexicano, históricamente El Niño ha estado relacionado con cambios abruptos en los patrones de lluvia, temporadas de huracanes más activas en el Pacífico y aumentos significativos de temperatura. Para Aguascalientes, el riesgo no necesariamente radica en la ausencia absoluta de precipitaciones, sino en su comportamiento errático. Meteorólogos prevén que el estado podría enfrentar períodos secos prolongados alternados con tormentas intensas concentradas en lapsos muy cortos.

Ese patrón complica particularmente las actividades agrícolas. Una lluvia torrencial en pocas horas puede provocar escurrimientos y erosión, pero no garantiza la recuperación sostenida de humedad en los suelos ni el llenado gradual de bordos destinados al ganado y al riego.

El campo aguascalentense ya enfrenta condiciones frágiles. La dependencia de cultivos de temporal y la presión sobre los mantos acuíferos vuelven especialmente vulnerable a la entidad frente a cualquier alteración climática. Productores agrícolas han advertido que un retraso en las lluvias podría afectar siembras de maíz y frijol, además de encarecer los forrajes utilizados para el ganado.

A ello se suma otro problema: el calor extremo. La Organización Meteorológica Mundial ha advertido que la combinación entre cambio climático y un evento fuerte de El Niño podría convertir a 2026 y 2027 en algunos de los años más cálidos jamás registrados. En entidades semiáridas, como Aguascalientes, el aumento sostenido de temperatura tiene efectos inmediatos sobre el consumo de agua y la evaporación. Mientras más calor se acumula, más rápido disminuyen los bordos y presas, y mayor presión se ejerce sobre los pozos subterráneos.

Aunque las presas presentan actualmente mejores condiciones que hace un año, Aguascalientes depende mayoritariamente de agua subterránea para abastecer a su población y a su sector industrial. Diversos estudios de la Comisión Nacional del Agua han documentado desde hace años la sobreexplotación de varios acuíferos de la entidad. Por ello, los especialistas consideran que un fenómeno intenso de El Niño podría convertirse en un acelerador de problemas estructurales ya existentes: escasez hídrica, presión urbana y deterioro ambiental.

Además, existe el riesgo de que las altas temperaturas incrementen la frecuencia de incendios forestales y pastizales, particularmente en zonas rurales donde la vegetación seca funciona como combustible natural.

Entre la incertidumbre y la preparación

A pesar de los pronósticos, los científicos aclaran que todavía es imposible determinar con precisión si el fenómeno alcanzará la categoría de “Súper Niño”. Los modelos climáticos muestran diferencias importantes sobre la intensidad final del evento. Algunos prevén un episodio moderado; otros, uno extraordinariamente fuerte.

Lo que sí parece cada vez más probable es que México entre nuevamente en una fase de El Niño hacia finales de 2026 y que sus efectos comiencen a sentirse durante el verano y el otoño.

En Aguascalientes, las autoridades han comenzado a monitorear la evolución del fenómeno mientras se preparan apoyos extraordinarios para productores rurales en caso de que el temporal resulte insuficiente.